22 Feb 2024

San José, modelo de virtudes

“Después de María, Madre de Dios, ningún santo ocupa tanto espacio en el Magisterio pontificio como José, su esposo. Mis predecesores han profundizado en el mensaje contenido en los pocos datos transmitidos por los Evangelios para destacar su papel central en la historia de la salvación: el beato Pío IX lo declaró «Patrono de la Iglesia Católica», el venerable Pío XII lo presentó como “Patrono de los trabajadores” y san Juan Pablo II como «Custodio del Redentor». El pueblo lo invoca como «Patrono de la buena muerte»”.

Carta Apostólica Patris Corde del Santo Padre Francisco con motivo del 150.°aniversario de la declaración de San José como Patrono de la iglesia universal.

Resulta curioso que los evangelios no recojan ninguna palabra dicha por San José; sin embargo, cumple un papel muy importante en la vida de Jesús y de María y su figura es realmente modelo para nosotros. Las pocas líneas que la Sagrada Escritura dedica a San José, resultan suficientes para vislumbrar su figura y permitirnos conocerle. Es patrono de la Iglesia universal, de los padres, de la buena muerte, etc.

San José es modelo de virtudes, especialmente de la fe y de escucha a la voluntad de Dios. Le basta con oír en sueños lo que Dios le pide (Mt 1, 20), no necesita una intervención maravillosa de Dios en su vida, sino que tiene el corazón atento y disponible para que una vez oída la voluntad divina ponerse en seguida a cumplirla (Mt 1, 24). En definitiva, José se deja sorprender por Dios, que le pide lo que no espera y tal vez no entiende; no obstante, se fía y con alegría hace todo cuanto Dios le pide en sueños.

Para poder oír lo que Dios nos dice a través de un sueño, es necesario soñar y san José era un gran soñador; el evangelio nos narra al menos tres momentos en los cuales Dios le habla mediante sueños. Ser soñador nada tiene que ver con vivir fuera de la realidad o con pereza, por el contrario, manifiesta el deseo de hacer cosas grandes y con sentido. José de hecho estaba desposado con María (Lc 1, 27) y contaba con un trabajo digno. La gran personalidad humana de José: en ningún momento se nos aparece como un hombre apocado o asustado ante la vida; al contrario, sabe enfrentarse con los problemas, salir adelante en las situaciones difíciles, asumir con responsabilidad e iniciativa las tareas que se le encomiendan. Saber soñar nos permite mirar el futuro con confianza porque aprendemos a fiarnos de Dios.

El trabajo tiene un lugar muy importante en la vida de San José, el carpintero de Nazareth. Cuando huyen hacia Egipto, (Mt 2, 13) llegan a una tierra extranjera y buscando sustento, ante lo cual San José tuvo que haber trabajado para poder así cuidar del niño Jesús y de María, su madre. Cuando pasen los años, los habitantes de Nazareth reconocerán a Jesús como “el Hijo del carpintero” (Mt 13, 55) mostrando así que Jesús aprendió mucho de san José y que este a su vez era un gran trabajador.

San José era un hombre que sabía amar y lo hacía con pureza, pues esta nace del amor y, para el amor limpio, no son obstáculos la robustez y la alegría de la juventud. San José supo amar a María, defenderla (Mt 1, 19) cuidar de ella y del niño Jesús, se preocupó de ambos (Lc 2,48) en definitiva el corazón de José, era enorme y sabía darse a los demás. El hogar de Nazareth ha sido una escuela de amor, donde seguramente no faltaban detalles de amor en la Sagrada familia.

La vida interior consiste en tratar a Dios; y a Dios Nuestro Señor y a la Madre de Dios nadie los ha tratado con más intimidad que San José, hombre fiel a la misión que Dios le ha confiado. Por ello hemos de acudir a san José con confianza, sabiendo que su figura es un ejemplo para los cristianos y mediante su intercesión pidamos aprender a dejarnos sorprender por Dios.

Salve, custodio del Redentor
y esposo de la Virgen María.
A ti Dios confió a su Hijo,
en ti María depositó su confianza,
contigo Cristo se forjó como hombre.

Oh, bienaventurado José,
muéstrate padre también a nosotros
y guíanos en el camino de la vida.
Concédenos gracia, misericordia y valentía,
y defiéndenos de todo mal. Amén.